El reloj de la Puerta del Sol marca las horas durante todo el año, pero su momento más conocido dura apenas unos segundos. Cada 31 de diciembre, millones de personas observan cómo desciende la bola, escuchan los cuatro cuartos y comen doce uvas al ritmo de sus campanadas.
El mecanismo fue construido por José Rodríguez Losada e inaugurado en 1866. La tradición de las uvas apareció varias décadas después y la radio y la televisión terminaron convirtiéndola en una celebración nacional.
El relojero exiliado
José Rodríguez Losada nació en 1801 en Iruela, una pequeña localidad de León. Durante su juventud apoyó las ideas liberales y, tras la restauración del absolutismo de Fernando VII, tuvo que abandonar España.
Terminó instalándose en Londres, donde aprendió el oficio de relojero y abrió un establecimiento en Regent Street. Su taller alcanzó gran prestigio por la fabricación de relojes y cronómetros marinos, instrumentos esenciales para que los barcos pudieran calcular su posición.
Losada mantuvo una estrecha relación con España. Fue nombrado relojero cronometrista de la Marina y su establecimiento londinense se convirtió en lugar de reunión para viajeros y exiliados españoles.
Durante una visita a Madrid conoció el mal funcionamiento del reloj instalado en la Real Casa de Correos. El mecanismo procedía de la desaparecida iglesia del Buen Suceso y mostraba continuos retrasos y averías.
Losada decidió fabricar uno nuevo y regalarlo a la ciudad.
La inauguración de 1866
El reloj fue instalado en la torre de la Casa de Correos e inaugurado el 19 de noviembre de 1866, en presencia de Isabel II. La fecha no correspondía al cumpleaños de la reina, como se repite a veces, sino al aniversario de su proclamación.
El mecanismo controla por separado las agujas, los cuartos y las horas. Funciona mediante pesas, engranajes y un péndulo que regula el movimiento. A pesar de las restauraciones y mejoras realizadas, su funcionamiento básico continúa siendo el diseñado por Losada.
La precisión del nuevo reloj resultó especialmente importante en una época en la que pocas personas tenían uno propio. Comercios, diligencias, oficinas y estaciones necesitaban una referencia pública fiable.
La hora de Sol se convirtió en la hora de Madrid.
Las doce uvas
La costumbre de comer uvas en Nochevieja no nació en 1909, aunque esa fecha aparezca con frecuencia.
La prensa madrileña ya mencionaba en 1896 y 1897 la costumbre de tomar doce uvas al sonar las doce horas. Al principio estaba relacionada con familias acomodadas que imitaban la moda francesa de celebrar el año nuevo con uvas y champán. Después, algunos madrileños comenzaron a acudir a la Puerta del Sol para comerlas delante del reloj.
En 1909, una campaña comercial vinculada a una cosecha abundante ayudó a popularizar las llamadas uvas de la suerte. La publicidad no inventó la tradición, pero facilitó que se extendiera por toda España.
La secuencia del reloj comienza antes de medianoche. Primero desciende la bola situada sobre la torre. Después suenan los cuatro cuartos y, tras una breve pausa, llegan las doce campanadas. Las uvas deben empezar a comerse con la primera campanada, no durante los cuartos.
De la radio a la televisión
La radio permitió escuchar las campanadas sin estar en Madrid. Desde la década de 1940, Radio Nacional de España difundió el sonido del reloj a hogares de todo el país.
Televisión Española realizó su primera retransmisión desde Sol en 1962. La imagen del reloj, la bola descendiendo y la multitud reunida en la plaza quedó unida desde entonces a la Nochevieja.
Las cámaras necesitaban situarse frente a la Casa de Correos. Uno de los mejores emplazamientos eran los balcones del número 11, en el edificio de la antigua Fonda de los Príncipes. Desde allí podían verse de frente la esfera, la torre y la plaza.
Con la llegada de las cadenas privadas, distintos balcones del mismo edificio y de los inmuebles próximos se convirtieron en pequeños estudios de televisión. Cada cadena elegía sus presentadores y preparaba su propio programa, pero todas dependían del mismo reloj.
La vista desde La Fonda
La relación entre el reloj y La Fonda comenzó mucho antes de la televisión. El hotel abrió en 1861 y Losada inauguró su mecanismo cinco años después. Los primeros huéspedes ya pudieron contemplar la torre desde sus habitaciones.
Hoy, esa perspectiva puede disfrutarse desde los balcones de El Mirador de Sol. El reloj se ve casi de frente, al otro lado de la plaza. Durante las campanadas, parte del edificio vuelve a convertirse en plató; durante el resto del año, la vista permite observar con calma un mecanismo que normalmente solo recibe atención durante unos segundos.
Losada construyó el reloj para proporcionar una hora pública precisa. Las uvas, la radio y la televisión lo transformaron en algo distinto: el reloj que señala para millones de personas el comienzo de cada año.
Preguntas frecuentes
¿Quién construyó el reloj de la Puerta del Sol?
¿A qué hora son las campanadas en la Puerta del Sol?
¿Por qué se comen doce uvas?
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