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La Puerta del Sol recién reformada, fotografiada por Charles Clifford hacia 1862

Puerta del Sol · Madrid

La gran reforma que creó la Puerta del Sol

La reforma de 1857-1862 que creó la Puerta del Sol actual: los proyectos, los derribos, el arco de edificios de Lucio del Valle y el coste de la nueva plaza.

La Puerta del Sol actual nació entre 1857 y 1862. Antes de aquella reforma, el lugar era mucho más pequeño, estrecho e irregular. No existía el gran arco de edificios frente a la Casa de Correos y las calles desembocaban en un espacio congestionado, rodeado por construcciones de diferentes alturas.

Madrid no se limitó a embellecer una plaza antigua. Derribó buena parte de ella y construyó otra casi desde cero.

La operación duró cinco años, obligó a expropiar numerosos inmuebles y transformó una antigua encrucijada en el centro urbano que todavía reconocemos. Los ingenieros Lucio del Valle, Juan Rivera y José Morer diseñaron la forma general; los propietarios particulares levantaron después los edificios siguiendo unas fachadas comunes.

Una plaza demasiado pequeña

Hasta mediados del siglo XIX, Sol conservaba una forma heredada de siglos anteriores. Era un espacio alargado y angosto nacido en el cruce de Mayor, Arenal, Alcalá, Carretas y la Carrera de San Jerónimo. La Casa de Correos ocupaba el lado sur, pero el resto de las fachadas no seguía una alineación común.

En el extremo oriental había estado la iglesia y hospital del Buen Suceso, derribado en 1854. Al oeste se encontraban las Casas de Cordero, levantadas poco antes sobre el solar de San Felipe el Real. Entre ambos extremos aparecían viviendas, comercios y calles estrechas que reducían el espacio disponible.

El crecimiento de Madrid agravó el problema. La población aumentaba, el ferrocarril traía cada vez más viajeros y los carruajes atravesaban Sol para dirigirse a hoteles, oficinas y estaciones. La plaza funcionaba como un gran cruce de tráfico, pero sus dimensiones seguían siendo las de una ciudad anterior.

Las primeras propuestas serias de reforma aparecieron en 1836. Durante las dos décadas siguientes se estudiaron distintos proyectos, pero ninguno consiguió resolver al mismo tiempo la circulación, las expropiaciones y el coste de la operación.

Proyectos, discusiones y propietarios

Reformar Sol significaba decidir qué edificios debían desaparecer y cuánto había que pagar a sus propietarios. Cada nueva alineación podía beneficiar a unas fincas y perjudicar a otras.

Algunos proyectos proponían abrir una gran plaza rectangular. Otros imaginaban formas circulares, elípticas o muy alargadas. También se debatió si debía conservarse la Casa de Correos o sustituirse por una construcción nueva.

La discusión no era únicamente arquitectónica. Sol era uno de los terrenos más valiosos de Madrid. Las nuevas fachadas ofrecerían locales comerciales, viviendas y hoteles en el punto más transitado de la ciudad.

El Ministerio de Fomento acabó asumiendo la dirección de la reforma y en 1857 convocó un concurso. El proyecto elegido fue el presentado por Lucio del Valle, Juan Rivera y José Morer.

La forma elegida

El proyecto conservaba la Real Casa de Correos, construida casi un siglo antes, y utilizaba su fachada como referencia para ordenar el lado sur.

Enfrente se diseñó una gran línea semicircular. El arco abrazaba la plaza y permitía ampliar las entradas de las principales calles sin convertir Sol en una explanada desproporcionada.

La solución introducía una diferencia que todavía puede reconocerse. Los edificios próximos a la Casa de Correos son anteriores o responden a proyectos independientes y, por tanto, presentan fachadas diferentes. En el lado opuesto, los inmuebles del arco fueron proyectados como un conjunto unitario, aunque pertenecieran a propietarios distintos.

La plaza no tendría un único edificio monumental frente a Correos. Tendría varios edificios privados obligados a parecer uno solo.

Antonio Ruiz de Salces participó como ayudante en el desarrollo del proyecto y en la definición arquitectónica de las fachadas. Las líneas de balcones, cornisas y ventanas debían continuar de una finca a otra para mantener la unidad visual.

Los derribos

Las obras comenzaron en 1857.

Fue necesario demoler alrededor de treinta edificios y eliminar varias manzanas. Durante meses, Sol quedó convertida en una sucesión de solares, muros cortados y fachadas provisionales.

Los derribos dejaron a la vista los interiores de las casas. En las imágenes de la época pueden distinguirse habitaciones, escaleras y medianeras que hasta entonces habían permanecido ocultas. La reforma urbana aparecía literalmente atravesando viviendas y comercios.

Las calles también cambiaron. Algunas entradas se ensancharon, otras modificaron su alineación y varios pasos estrechos desaparecieron.

La actividad de la plaza no se detuvo por completo. Los madrileños continuaron atravesando la zona, comprando y utilizando los edificios que seguían en pie. Las obras convivieron con carruajes, vendedores y peatones durante varios años.

La construcción del arco

Después de despejar los solares comenzó la construcción de las nuevas fincas.

Cada propietario financiaba su edificio, pero debía respetar el diseño general. Esta combinación permitía que el Estado definiera la imagen de la plaza sin tener que construir todos los inmuebles.

Las fachadas se levantaron casi simultáneamente. Tenían plantas bajas destinadas principalmente al comercio, varios pisos de viviendas y una sucesión de balcones abiertos hacia Sol.

Detrás de la fachada común, cada edificio se organizaba de manera diferente. Las parcelas tenían formas y profundidades distintas, especialmente en los puntos donde las calles cortaban el arco.

La uniformidad era, por tanto, una ilusión cuidadosamente diseñada. Desde la Casa de Correos se veía una sola composición; desde los portales aparecían propiedades, escaleras y patios independientes.

Hoteles, cafés y comercios

Los nuevos edificios se ocuparon rápidamente.

La Fonda de los Príncipes abrió el 1 de octubre de 1861, cuando la reforma todavía no había terminado. Otros inmuebles albergaron el Hotel del Universo, cafés, comercios, oficinas y viviendas.

La arquitectura respondía al nuevo carácter de Sol. La plaza debía ser al mismo tiempo un espacio representativo y un centro de actividad económica.

Los balcones ofrecían vistas sobre Gobernación y sobre el movimiento urbano. Los bajos permitían abrir grandes escaparates y locales. Las habitaciones superiores recibían luz y ventilación directamente desde la plaza.

La reforma no creó únicamente una forma urbana. Creó uno de los principales mercados inmobiliarios y comerciales del Madrid del siglo XIX.

El coste de la nueva Sol

La obra terminó oficialmente en 1862.

El coste documentado ascendió a 33.602.250 reales. La cifra incluía una operación compleja de expropiaciones, derribos, urbanización y construcción de nuevas alineaciones.

La reforma fue criticada por su precio y por los intereses particulares implicados. Algunos propietarios se beneficiaron de las nuevas fachadas y del aumento del valor de los solares; otros perdieron edificios o vieron transformadas sus parcelas.

También hubo críticas estéticas. La uniformidad del arco parecía demasiado regular para quienes preferían la variedad de la ciudad antigua.

Con el tiempo, esas discusiones fueron desapareciendo y la forma de 1862 terminó convirtiéndose en la imagen histórica de Sol.

Lo antiguo dentro de lo nuevo

La reforma fue radical, pero no eliminó todo lo anterior.

La Casa de Correos permaneció en su lugar. Las Casas de Cordero continuaron marcando el acceso desde Mayor y Arenal. El trazado de las calles siguió recordando los antiguos caminos que se encontraban en la plaza.

La nueva Sol conservaba así fragmentos de épocas diferentes. Un edificio del siglo XVIII presidía una plaza del XIX construida sobre un cruce medieval.

Esta mezcla explica que la forma no sea completamente simétrica. El arco norte responde a un solo proyecto; el lado de Correos conserva edificios de distintas fechas y proporciones.

La plaza que parecía definitiva

Cuando terminaron las obras, Sol parecía preparada para el futuro. Era más amplia, permitía una circulación más fluida y ofrecía una imagen moderna y monumental.

La solución duró poco tiempo sin cambios.

En 1866 se instaló el reloj de Losada. En 1871 comenzaron a pasar los tranvías. Después llegaron la electricidad, los automóviles, el Metro, los autobuses y los anuncios luminosos.

Cada nuevo medio de transporte volvió a llenar el espacio que la reforma había conseguido liberar.

Aun así, la estructura principal resistió. Las reformas de 1950, 1986, 2009 y 2023 cambiaron pavimentos, jardines, fuentes, tráfico y accesos subterráneos, pero conservaron la forma creada entre 1857 y 1862.

La obra que todavía vemos

La gran reforma de Sol no dejó un monumento aislado. Dejó toda una plaza.

Cuando miramos desde la Casa de Correos hacia el arco norte, vemos todavía la idea de Lucio del Valle, Juan Rivera y José Morer: una línea continua de edificios privados que funciona como una única fachada urbana.

La obra eliminó una parte considerable del Madrid anterior. Desaparecieron casas, calles y perspectivas que solo pueden reconstruirse mediante planos e imágenes.

A cambio, apareció el espacio que hizo posibles los hoteles, los cafés, los balcones y la vida pública de la Sol moderna.

La plaza ha sido reformada muchas veces desde entonces, pero nunca ha vuelto a cambiar de forma por completo.

La Puerta del Sol actual continúa ocupando el molde creado hace más de 160 años.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se hizo la gran reforma de la Puerta del Sol?
Entre 1857 y 1862. Las obras comenzaron con los derribos en 1857 y terminaron oficialmente en 1862, cuando se completó el arco de edificios frente a la Casa de Correos.
¿Quién diseñó la Puerta del Sol actual?
El proyecto ganador del concurso de 1857 fue obra de los ingenieros Lucio del Valle, Juan Rivera y José Morer. Antonio Ruiz de Salces participó en la definición arquitectónica de las fachadas.
¿Cuánto costó la reforma de la Puerta del Sol?
El coste documentado ascendió a 33.602.250 reales, una cifra que incluía expropiaciones, derribos, urbanización y las nuevas alineaciones.
¿Qué edificios se derribaron y cuáles se conservaron?
Fue necesario demoler alrededor de treinta edificios y varias manzanas. Se conservaron la Real Casa de Correos y las Casas de Cordero, que siguen en pie hoy.

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