La Puerta del Sol no conserva ninguna puerta. Tampoco existe una muralla, una torre o un arco que permita reconocer el origen de su nombre. Sin embargo, antes de convertirse en plaza fue realmente una de las entradas de Madrid.
La puerta estaba situada en el límite oriental de la ciudad medieval y comunicaba con los caminos que conducían hacia Alcalá de Henares y Guadalajara. Estaba decorada con un sol, probablemente relacionado con su orientación hacia levante, el lugar por el que amanece. La construcción desapareció hace más de cuatro siglos, pero el espacio que se había formado a su alrededor conservó su nombre.
Una puerta en el límite de Madrid
El Madrid medieval era mucho más pequeño que la ciudad actual. Sus primeros recintos amurallados rodeaban el núcleo situado alrededor del Alcázar, la actual zona del Palacio Real y las calles próximas.
Cuando la población empezó a crecer fuera de las murallas aparecieron nuevos barrios o arrabales. Las casas se extendieron junto a los caminos, los mercados y las iglesias, especialmente hacia el norte y el este.
Para proteger y controlar estos nuevos barrios se construyó una cerca con distintas entradas. No era una gran fortificación monumental, sino una estructura más sencilla que permitía cerrar el paso y controlar la entrada de personas, animales y mercancías.
Una de aquellas entradas era la Puerta del Sol. Se trataba probablemente de un postigo modesto, muy diferente de la gran Puerta de Alcalá construida siglos después. Su importancia no procedía de su arquitectura, sino de su posición en uno de los principales caminos de acceso a Madrid.
El sol que le dio nombre
Las puertas de las ciudades podían recibir el nombre del camino al que daban acceso, de un edificio cercano, de una imagen religiosa o de algún elemento colocado sobre ellas.
En este caso, el nombre procedía del sol que decoraba la entrada. No se conserva la pieza original y tampoco sabemos con seguridad si estaba pintado, esculpido o colocado sobre la puerta como un emblema independiente.
La explicación tradicional relaciona su presencia con la orientación de la puerta hacia el este. Quienes salían de Madrid por aquel lugar avanzaban hacia Alcalá y Guadalajara, en dirección al amanecer.
Existe también una leyenda que vincula la puerta con la Guerra de las Comunidades. Según esta versión, los madrileños habrían construido o reforzado una defensa en 1520 y colocado sobre ella un sol.
Es posible que la puerta fuera reparada o reforzada durante aquellos enfrentamientos, pero el nombre aparece con anterioridad. La relación con los comuneros forma parte de la tradición de Sol, aunque no puede considerarse la explicación más segura de su origen.
La ciudad crece alrededor de la puerta
Cuando se construyó, la Puerta del Sol separaba la ciudad de los caminos exteriores. Dentro quedaban las calles y viviendas de Madrid; fuera comenzaban terrenos todavía poco urbanizados, huertas y rutas hacia otras poblaciones.
Pero Madrid siguió creciendo hacia el este. Se levantaron casas a ambos lados de la cerca y los antiguos arrabales quedaron incorporados a la ciudad. Cerca de la puerta aparecieron el hospital que después sería conocido como el Buen Suceso, fuentes, puestos, alojamientos y comercios destinados a los viajeros.
La entrada dejó de separar claramente el interior y el exterior. Había quedado rodeada por la propia ciudad y se había convertido en un obstáculo para el paso por una zona cada vez más transitada.
La puerta y la cerca fueron derribadas en el siglo XVII. El edificio desapareció, pero los madrileños continuaron utilizando su nombre para referirse al lugar.
De puerta a plaza
Después del derribo, Sol no se convirtió inmediatamente en una plaza como la actual. Durante los siglos XVII y XVIII fue un espacio alargado, estrecho e irregular, formado por el cruce de Mayor, Arenal, Alcalá, Carretas y la Carrera de San Jerónimo.
En uno de sus extremos se encontraba la iglesia del Buen Suceso y, delante de ella, la fuente de la Mariblanca. En el lado occidental se levantaba el convento de San Felipe el Real, cuyas gradas eran conocidas como el Mentidero de la Villa porque allí se intercambiaban noticias y rumores.
La antigua puerta ya no existía, pero el lugar mantenía la función que había nacido a su alrededor. Seguía siendo un punto de paso para viajeros, carruajes, mercancías e información.
La Real Casa de Correos se terminó en 1768 y, entre 1857 y 1862, una gran reforma creó la plaza moderna. Se demolieron edificios y manzanas completas y se construyó el gran arco de fachadas situado frente a la Casa de Correos.
La transformación podía haber servido para cambiar el nombre. No ocurrió. La nueva plaza conservó el de un pequeño postigo medieval que llevaba más de dos siglos desaparecido.
Una puerta que terminó en el centro
La Puerta del Sol nació en el límite oriental de Madrid. Hoy se encuentra en el centro de una ciudad que se extiende durante kilómetros en todas direcciones.
No fue la puerta la que se trasladó hasta el centro. Fue Madrid la que creció a su alrededor. Los caminos se convirtieron en calles, los terrenos exteriores quedaron ocupados por nuevos barrios y la antigua entrada terminó dando nombre a una plaza, una estación de Metro y una estación de Cercanías.
El nombre oficial continúa siendo Puerta del Sol, aunque en el lenguaje cotidiano los madrileños suelen decir simplemente Sol.
La construcción desapareció hace más de cuatrocientos años, pero para entonces su nombre ya no pertenecía únicamente a una puerta.
Pertenecía al lugar.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama Puerta del Sol si no hay ninguna puerta?
¿Dónde estaba exactamente la puerta?
¿Por qué un sol?
¿Por qué no se llama plaza del Sol?
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