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Las instalaciones históricas de La Mallorquina en la Puerta del Sol en 1911

Puerta del Sol · Madrid

La Mallorquina, una pastelería en Sol desde 1894

Historia de La Mallorquina, la pastelería de la Puerta del Sol fundada en 1894: sus socios mallorquines, las ensaimadas, el chocolate, las napolitanas y su histórico salón.

En la esquina de la Puerta del Sol con la calle Mayor se encuentra La Mallorquina. Abrió en 1894 y es uno de los pocos establecimientos históricos de la plaza que continúa dedicado a la misma actividad.

Sus escaparates, su mostrador y el salón de la planta superior han acompañado a varias generaciones de madrileños. Antes de que las napolitanas se convirtieran en su producto más conocido, la casa era famosa por las ensaimadas y el chocolate.

Tres socios mallorquines

El nombre procede del origen balear de sus fundadores: Coll, Ripoll y Balaguer.

Los empresarios habían desarrollado anteriormente su actividad en la calle de Jacometrezo. En 1894 se instalaron en la esquina de Sol con Mayor, un emplazamiento mucho más visible y transitado.

La ubicación era excelente. Por delante pasaban viajeros, funcionarios, compradores, huéspedes de hoteles y personas que acudían a los cafés y teatros del centro.

El negocio combinaba pastelería, tienda de alimentos y salón de meriendas. No era únicamente un lugar para comprar y marcharse. Los clientes podían sentarse a tomar café, cerveza, chocolate o dulces.

Ensaimadas y chocolate

El producto más relacionado con el origen del establecimiento era la ensaimada.

La pastelería acercaba a Madrid una especialidad mallorquina todavía poco común en la capital. El chocolate procedía de Matías López, uno de los grandes fabricantes españoles, cuya empresa había estado vinculada a la cercana calle de la Montera.

El salón permitía reunirse y merendar en un ambiente más tranquilo que el de los grandes cafés políticos. Acudían familias, parejas y compradores que descansaban después de recorrer las tiendas del centro.

Con el tiempo se incorporaron otros productos de repostería madrileña y europea. Las napolitanas de crema y chocolate terminaron convirtiéndose en el símbolo más popular de la casa.

Un comercio en una plaza cambiante

La Mallorquina abrió cuando los tranvías atravesaban Sol y los coches de caballos esperaban en la plaza.

Ha visto la llegada del Metro, los automóviles, los autobuses, la televisión, Cercanías y la peatonalización.

También ha presenciado la desaparición de casi todos los negocios históricos de su entorno. Cerraron hoteles, cafés, almacenes y comercios que habían dado identidad a Sol durante el siglo XIX y buena parte del XX.

La Mallorquina sobrevivió adaptando su oferta, sus instalaciones y sus horarios, pero manteniendo el nombre y la actividad principal.

Su posición en la esquina ha contribuido a esa continuidad. El local es visible desde la plaza y desde la entrada de Mayor, uno de los pasos más transitados entre Sol y la Plaza Mayor.

El salón de arriba

Una de las características más recordadas es el salón de la planta superior.

Subir permitía alejarse durante un rato del movimiento de la plaza y observar la calle desde las ventanas. El espacio conservaba la tradición de las antiguas pastelerías y salones de té, donde la consumición se convertía en una pausa y no en una compra rápida.

La planta baja, en cambio, siempre ha tenido un ritmo mucho más intenso. Los clientes esperan frente al mostrador, eligen pasteles y continúan su camino.

Estas dos formas de utilizar el establecimiento —la compra rápida y la merienda sentada— explican buena parte de su éxito.

Un pequeño lugar histórico

La Mallorquina no tiene la escala monumental de la Casa de Correos ni la antigüedad simbólica del Kilómetro Cero.

Su importancia procede de la continuidad.

En una plaza en la que casi todo ha cambiado de nombre, propietario o uso, la pastelería continúa ocupando la misma esquina y vendiendo dulces.

Los viajeros que salían de una fonda en 1894 podían detenerse allí antes de tomar un tranvía. Los visitantes actuales llegan en Metro, miran el teléfono y compran una napolitana para seguir caminando.

La ciudad que rodea al establecimiento es completamente distinta.

La pausa delante del mostrador sigue siendo muy parecida.

Preguntas frecuentes

¿Desde cuándo está La Mallorquina en la Puerta del Sol?
La pastelería abrió en 1894 en la esquina de la Puerta del Sol con la calle Mayor, donde continúa dedicada a la misma actividad.
¿Quién fundó La Mallorquina?
La fundaron tres socios de origen mallorquín apellidados Coll, Ripoll y Balaguer, que anteriormente habían desarrollado su actividad en la calle de Jacometrezo.
¿Cuál es el producto más famoso de La Mallorquina?
Actualmente es conocida sobre todo por sus napolitanas de crema y chocolate. En sus primeros años destacaban especialmente las ensaimadas y el chocolate.
¿La Mallorquina tiene salón?
Sí. Su histórica planta superior permite sentarse a tomar café, chocolate y dulces, lejos del ritmo más rápido del mostrador de la planta baja.

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